“¿No os mareáis con tantas vueltas?”
El
encuentro con niños y niñas ingresados en el Hospital Xeral de Vigo fue
la mejor figura acrobática de la Patrulla Águila en el Festival Aéreo
La formación puso el colofón a la última edición del festival más internacional de España
Cada vez es más difícil para la Patrulla Águila participar en el Festival Internacional Aéreo de Vigo (FAV).
Porque si fuera sólo volar, todo estaría muy claro, como, de hecho, lo
estuvo, el pasado 19 de julio, cuando la formación acrobática puso el
colofón del festival, con una de sus mejores exhibiciones. Pero Vigo
exige bajarse del avión y ponerse delante de la gente. Y en ocasiones,
los pilotos de la formación acrobática de la Academia General del Aire (AGA) tienen que hacer frente a públicos muy especiales. Desde 2008, la Patrulla Águila visita a los niños y niñas ingresados en el Hospital Xeral de Vigo.
Nada
fácil, la verdad, cuando la curiosidad se transforma en pregunta con
potencial carga de profundidad. Este año, el comandante Bayardo Abós
vaciló, antes de negar rotundamente, cuando uno de los niños le
preguntó: ¿no os mareáis, con tantas vueltas? Hay que pensar qué se responde, por si la pregunta tiene trampa, por la hipotética elipsis de un adverbio, como “todavía”, capaz de disfrazar de cordero a un lobo.
“Es normal que, al principio, puedas marearte un poco”, aseguró Abós. “Hay
que tener en cuenta que, cuando comenzamos los primeros entrenamientos,
hacíamos sesiones de hasta una hora de duración..., dando volteretas.
Ya no nos mareamos, pero te aseguro que, si te subes con nosotros, te
marearías”. Hubo, además, otras cuestiones más fáciles, como, por
ejemplo, cómo se hacen los humos de colores, o por qué aún habrá que
esperar un poco, hasta que alguna de las mujeres pilotos del Ejército
del Aire acumule las horas de vuelo y los méritos suficientes para
integrarse en la formación acrobática de la AGA. Naderías, para un
piloto preparado para el combate, pero no para que un niño le pregunte
si se marea en el avión. Eso tiene mucha tela.
Abós, portavoz de la Patrulla Águila
ante aquella concurrencia, actuó también como circunstancial emisario
de la AGA, donde es instructor, como el resto de los pilotos de la
formación, explicando cuál es la vía de acceso para convertirse en
piloto militar. Un proceso que será más fácil de lo que era hasta
ahora, a partir de 2010, cuando dejará de hacerse por oposición,
pasando a contar la media de las notas del bachillerato y los idiomas.
Cuanta más alta sea la nota, antes te colocas en posiciones
preferentes. Sin embargo, las limitaciones físicas que impiden el
acceso se mantienen como hasta ahora.
Habilidades terrícolas
La Semana Cultural Aeronáutica de Vigo, organizada por la Asociación Cultural Aeronáutica Española (ACAE), que, desde el año pasado, precede al festival aéreo, está permitiendo a la Patrulla Águila
adquirir habilidades en tierra, que, hasta el momento, quedaban
circunscritas al círculo privado. Y es que este tipo de actividades
tiene una doble interpretación. Es cierto que están orientadas a que la
aviación ponga los pies en la acera, para facilitar que el público en
general se acerque a ella. Pero también fuerzan una actitud en todas
las personas vinculadas a la aviación, para aprender a hablar en el
mismo idioma que la gente de a pie.
Ése fue uno de los mayores esfuerzos que el FAV exigió a la Patrulla Águila.
Dar la cara, además de firmar pósteres. Quizá por esa razón, el nuevo
locutor de la formación, Ildefonso Martínez-Pardo, ha decidido dar un
acertado giro a la selección musical, introduciendo cortes musicales de
último cuño, como “This is the life” de Amy MacDonalds y
hasta otras cinco importantes novedades que pudimos contar. Parece que
Pardo tiene muy claro que lo que hace la Patrulla Águila es un espectáculo audiovisual, que carece absolutamente de sentido, cuando no se oye. Y
que tampoco es lo mismo ver una exhibición de la formación acrobática,
con un pasodoble de fondo, que con Cold Play, como en Samil.
Dolor
No es lo mismo ver un giro a cuchillo del Solo (Águila
5), cuando el locutor subraya que eso no es solamente algo bonito para
los ojos del público, sino una prueba física muy dolorosa para el
piloto, como hizo Pardo, en Vigo. Y es mucho mejor huir del eufemismo
técnico de que, en determinada figura, la formación tiene que atenuar
el riesgo de que los aviones “entren en conflicto”. Si dices que pueden chocar, te entenderán mejor, porque se imaginan el desastre. La voz de la Patrulla Águila en Vigo fue más voz que nunca, porque fue traducción.
Más internacional que nunca y más de Vigo, imposible
Alberto Abajo
Si España cuenta, hubo seis países en la última edición del Festival Aéreo de Vigo. Portugal, con sus dos patrullas nacionales. Francia, con el demostrador de Alphajet y el piloto acrobático militar del Extra-300. EEUU, con un Learjet “visto y no visto” (detalle que no debe olvidarse) y con un inmenso B-52, que voló bajo, pasó cerca, hizo tres pasadas y un viraje completo, se le vio e impresionó, lo que también es inolvidable. Italia, con el Pioneer Team, que
lanzó bengalas y dibujó dos corazones superpuestos, en una exhibición
que recordaba las que hacen las grandes patrullas nacionales. Hungría, con un Antonov-2 de origen húngaro, tripulación francesa y con base en Hondarribia (Guipúzcoa). El Ejército del Aire aportó un apagafuegos Canadair CL-215, la Escuela Militar de Paracaidismo, un F-18 y la Patrulla Águila. La Armada voló su harrier, uno de los aviones más conocidos en el litoral español, pero no desamarró a su fragata Almirante Juan de Borbón del
puerto de Vigo, como habían prometido, porque no querían perder el
continuo flujo de visitantes, ni siquiera durante el festival aéreo.
El resto corrió a cargo de la popular patrulla Milano-52 (que habían servido, dos días antes, de plataforma aérea para la prensa local), el helicóptero Pesca-1 del Servicio de Gardacostas de Galicia, que lleva camino de convertirse en un espectáculo en sí mismo, el grupo de paracaidistas Alas que utilizó el Antonov, un CN-295 del Sasemar (que
sobrepasó el límite de la tolerancia en materia de seguridad, rascando
las cabezas del gentío arracimado en Samil, pero que supo pasar entre
los dos chorros de agua del remolcador de Salvamento Marítimo, ofreciendo una de las mejores fotografías de la temporada), la patrulla Culebra (Cástor Fantoba y Juan Velarde) y el campeón del mundo de acrobacia, Ramón Alonso. La mayor parte de los pilotos y patrullas conectaron, desde sus cabinas, con la megafonía del festival y saludaron al público.
Un total de 400 autobuses (o, lo que es lo mismo, unas 20.000 personas) llegaron de Portugal y se unieron a las 400.000 que abarrotaban la playa de Samil, también a las que llenaban las playas de O Vao, a las que se subieron en las casi 600 embarcaciones
fondeadas en la bahía y a las que ascendieron al monte del Castro. Así
que puede que haya quien se lo calle, pero ni siquiera lo pone en duda:
Después de la Giornata Azzurra italiana, Vigo es el segundo referente internacional en el sur de Europa, en festivales aéreos. Y en 2009, no ha habido Giornata Azzurra, con lo que, este año, no se hablará de Pratica di Mare, pero sí se hablará de Samil.
Y qué le van a hacer en Vigo, si lo que, hace algunos años, comenzó siendo una exhibición de la Patrulla Águila, organizada
por unos grandes almacenes, ha terminado siendo el referente en
festivales aéreos del sur de Europa. La organización tiene al público
de su parte. Demasiado de su parte, en ocasiones, como para perdonar la
ausencia de servicios públicos. Sólo uno, para toda esa gente. ¡Pero es
que la afición está comprada! Lo pudieron comprobar, el 19 de julio
pasado, entre otros, el secretario de Estado de Defensa, Constantino
Méndez, el Jefe del Estado Mayor del Aire, José Jiménez Ruiz, y el
alcalde Abel Caballero, con más orgullo del cargo, ese día.
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